Volver a empezar, a veces aterra, cuando decidí cerrar mi ciclo en Aguru, y dar un paso hacia el vacío, con la única certeza de que ya no me sentía en resonancia, y con la confianza en que siempre estoy sostenida, por la vida, por el universo, reafirmé que cuando escucho a mi corazón y actúo en coherencia a lo que me dicta, es un acto de amor incondicional hacia mi misma, y hacia la comunidad que me sigue.
Sí requerí valentía, de levantar mi voz y decir: Esto ya no es lo que quiero.
Cuando solté el anterior espacio, hice una meditación y visualización del nuevo espacio donde quería facilitar y compartirme. Con el sonido de mis cuencos, encontré el silencio, ese campo trascendental, donde todo existen todas las posibilidades, y ahí sembré mi intención. Al día siguiente el espacio llegó a mi, fué justo y exacto como me lo imaginé.
Entonces, cada viernes en punto de las 8:00Pm, seguimos sosteniéndonos, calmando la mente, relajando el cuerpo, encontrando el silencio, y escuchando a nuestras almas.
Gracias a la comunidad que confía y sigue meditando con el sonido, ustedes son mi recordatorio de seguir en mi propósito, cada vez que los observo en sutiles cambios, como más relajados, con propósito, con decisión de cambio, y regalándose el espacio para su sanación, me reafirman que hacer las cosas con devoción, tiene resultados. Gracias por acompañarme en este camino.


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