




Hoy tuve la oportunidad de facilitar una sesión de Meditación & Sound Healing para un grupo de colaboradores de Hyatt Zilara Riviera Maya.
Más allá del número de asistentes o del lugar donde se realizó la experiencia, hubo algo que me dejó reflexionando: cada vez más hoteles y empresas están reconociendo que el bienestar de las personas también merece un espacio dentro de la jornada laboral.
Vivimos rodeados de pendientes, objetivos, reuniones y decisiones constantes. En medio de ese ritmo, detenernos por un momento puede parecer un lujo, cuando en realidad también es una forma de cuidar nuestra salud, nuestra atención y la manera en que nos relacionamos con los demás.
Mientras guiaba la sesión sentí una profunda empatía por cada una de las personas que estaba ahí. Conozco lo que significa vivir con un ritmo acelerado, sostener responsabilidades y querer dar siempre lo mejor. Quizá por eso estos espacios tienen tanto sentido para mí.
Poco a poco el ambiente comenzó a transformarse. La respiración se hizo más lenta, los cuerpos encontraron descanso y el sonido abrió un espacio donde el silencio pudo aparecer de manera natural.
Al finalizar, algunas personas compartieron su experiencia.
Una de ellas comentó que había llegado con un dolor físico persistente y que, al terminar la sesión, ese dolor había desaparecido.
Otra persona compartió que al comenzar tenía la mente llena de pensamientos, pero que, en algún momento de la experiencia, todo ese ruido simplemente se detuvo y apareció un profundo silencio interior.
Alguien más describió haber entrado en un estado de relajación tan profundo que sintió una gran paz y una conexión muy especial consigo mismo.
Cada experiencia fue distinta.
Y creo que ahí reside una de las cosas más hermosas del Sound Healing: no buscamos que todas las personas vivan lo mismo. Cada cuerpo responde desde su propia historia, su propio momento y sus propias necesidades.
Esta experiencia también me dejó un aprendizaje muy personal.
Por primera vez conté con el apoyo de una persona como parte del equipo durante la sesión. Mientras yo me enfocaba por completo en facilitar la experiencia, ella recibió a los participantes, preparó los aceites esenciales, entregó las tarjetas de bienvenida, acompañó la logística y cuidó todos esos pequeños detalles que muchas veces pasan desapercibidos, pero que hacen que las personas se sientan bienvenidas desde el primer momento.
Me sentí profundamente sostenida.
A veces pensamos que facilitar significa hacerlo todo, pero esta experiencia me recordó que también es valioso aprender a confiar, delegar y permitir que otras personas formen parte del cuidado de quienes llegan a nuestros encuentros.
Cuando alguien sostiene la experiencia desde la organización y la presencia, quien facilita puede entregarse por completo al espacio que está guiando.
Ese también es bienestar.
Hubo otro momento que me llenó de gratitud.
La persona que me invitó a facilitar esta experiencia fue una de las primeras personas con las que tuve la oportunidad de trabajar cuando llegué a vivir a Cancún, en 2022. Nos conocimos gracias a una amiga muy querida, quien también fue parte importante de mi llegada a esta ciudad.
Recuerdo con mucho cariño aquellas primeras sesiones de Sound Healing que compartimos en un club de playa, creando experiencias durante los equinoccios y solsticios. Con el paso de los años, la vida la ha llevado a nuevos proyectos y, de alguna manera, nuestros caminos siguen encontrándose.
Cada vez que surge un nuevo espacio para compartir bienestar, vuelve a pensar en mí.
Eso me conmovió profundamente.
Me recordó que los proyectos también florecen gracias a las relaciones que cultivamos. Que la confianza se construye con el tiempo. Que cada encuentro abre la puerta al siguiente. Y que muchas veces una sola persona puede cambiar el rumbo de nuestro camino simplemente por creer en nosotros.
Hoy sentí una enorme gratitud por todas esas personas que han sido puentes en mi vida y en este proyecto.
También pude observar algo que pocas veces nos detenemos a mirar.
Mientras guiaba la sesión, sentí una tranquilidad y una seguridad distintas. No desde la idea de “hacerlo perfecto”, sino desde la confianza que nace de la práctica, de los años, de seguir estudiando, equivocándome, aprendiendo y compartiendo.
Me emocionó reconocer ese crecimiento.
Con el tiempo vamos encontrando nuestra propia voz. Vamos desarrollando más sensibilidad, más experiencia y también una mayor responsabilidad.
Y, curiosamente, mientras más aprendemos, más comprendemos la importancia de mantenernos humildes.
Porque facilitar un espacio como este nunca se trata de quien está al frente.
Se trata de quienes llegan.
Se trata de crear un lugar donde las personas puedan sentirse seguras para respirar, descansar, escucharse y volver a sí mismas.
Ese es el verdadero propósito que hoy me recuerda este camino.
Regresé a casa profundamente nutrida.
Con la certeza de que sigo aprendiendo, de que sigo creciendo y de que quiero continuar compartiendo estos espacios desde el servicio, el respeto y la gratitud.
Gracias a Hyatt Zilara Riviera Maya por abrir este espacio para su equipo.
Y gracias a cada una de las personas que hoy decidió regalarse una pausa.
Con cariño,
Gabriela
Espacio Una Alma
Consciencia • Paciencia • Presencia


Leave a comment