Colaboración con Namasteali y Casa Caracol, Isla Mujeres Quintana Roo.

Hay momentos en los que un proyecto comienza a salir de su espacio habitual y encuentra nuevas formas de compartir lo que hace.

Para Una Alma, una de esas experiencias fue llevar el sound healing a Isla Mujeres, como parte de una colaboración creada alrededor del bienestar, el movimiento y la conexión.

Fue una experiencia distinta a las sesiones que normalmente compartimos con nuestra comunidad en Cancún. En esta ocasión, el sonido formó parte de una experiencia más amplia: primero, una práctica de movimiento flou method; después, un espacio de descanso e integración acompañado por los cuencos y el gong.

Y eso es algo que me gusta de trabajar con el sonido: puede encontrarse con diferentes prácticas, diferentes personas y diferentes espacios, sin perder su esencia.

El sonido también sabe adaptarse

Cada espacio tiene su propia energía.

No es lo mismo facilitar una sesión en nuestro espacio habitual que llegar a una casa nueva, encontrarnos con un grupo nuevo y crear, en ese momento, las condiciones para que las personas puedan detenerse, respirar y simplemente recibir.

Para mí, facilitar una experiencia de sound healing también significa aprender a escuchar el espacio, al grupo y el momento.

No llegar con la intención de imponer una experiencia, sino permitir que la experiencia se construya entre todos.

Las colaboraciones también son una forma de crecer

A medida que un proyecto crece, empiezan a aparecer nuevas oportunidades para colaborar.

Y con ellas llegan preguntas importantes:

¿Qué significa colaborar?
¿Qué aporta cada persona o proyecto?
¿Qué queremos crear juntos?
¿Cómo podemos hacer que una colaboración sea clara, respetuosa y enriquecedora para todos?

Creo que poner estas conversaciones sobre la mesa también forma parte de profesionalizar nuestro trabajo.

Una colaboración no tiene que ser solamente un intercambio económico. Puede ser una oportunidad para crear, aprender, conectar con nuevas comunidades y llevar nuestro trabajo a lugares donde quizá todavía no nos conocen.

Pero para que una colaboración sea realmente bonita, creo que la claridad es una forma de cuidado.

Una experiencia que se queda

Más allá de las fotografías, de las publicaciones o de lo que sucede durante un solo día, cada experiencia deja algo.

Nos permite observar cómo queremos trabajar, qué queremos seguir construyendo y hacia dónde queremos llevar nuestro proyecto.

Esta colaboración en Isla Mujeres fue, para mí, una oportunidad de salir de lo conocido y recordar algo muy sencillo:

el sonido no pertenece a un solo espacio.

Puede estar en un estudio, frente al mar, en una habitación, en un retiro, después de una práctica de yoga, pilates, flou, o simplemente en un momento en el que alguien necesita detenerse.

Y cada vez que Una Alma llega a un nuevo lugar, también aprende algo nuevo.

Seguimos llevando el sonido donde pueda convertirse en presencia.

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