El viaje que cambió mi rumbo

Hay viajes que se planean para conocer nuevos lugares.

Y hay otros que, sin saberlo, terminan cambiando por completo la dirección de tu vida.

A finales de 2021 subí mi vida a un automóvil.

Después de 35 años viviendo en Ciudad de México, elegí llevar únicamente lo esencial.

El resto lo dejé atrás.

No tenía un plan perfectamente definido.

Solo una invitación para acompañar una ceremonia de inicio de año en Cancún y la intuición de que necesitaba seguir ese camino.

Durante siete días recorrí carreteras, atravesé paisajes que nunca había conocido y me regalé el tiempo de estar conmigo.

Oaxaca.

Chiapas.

Quintana Roo.

Cada lugar parecía recordarme que no siempre necesitamos tener todas las respuestas para comenzar un nuevo capítulo.

Recuerdo que, al llegar a San Cristóbal, pensé seriamente en quedarme a vivir ahí.

Su ritmo, su energía y su forma de habitar el tiempo conectaban profundamente conmigo.

Pero el viaje aún no terminaba.

Cancún todavía me estaba esperando.

Llegué con la idea de permanecer solo un tiempo en casa de una amiga.

No sabía cuánto.

No sabía qué seguiría.

No sabía si algún día regresaría a Ciudad de México.

Lo único que sabía era que necesitaba dar ese paso.

Hoy miro hacia atrás y entiendo que ese viaje nunca fue solamente un cambio de ciudad.

Fue el momento en el que decidí confiar en una vida que todavía no podía imaginar.

Y, sin saberlo, ese camino me llevó al lugar donde años después nacería Una Alma.

Unos días después de llegar a Cancún compartimos la primera ceremonia de inicio de año. Ahí comenzó una historia que todavía seguimos escribiendo.

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